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Zidane dimite antes que Rajoy

Se van Mariano y su retórica; pero nos quedan Pedro y sus malabares. Zidane se quita de enmedio; suena Míchel en Cibeles, y el eco llega hasta Génova

La semana en la capital ha sido realmente movida. La resolución del caso Gürtel, el adiós de Zidane y la destitución de Mariano Rajoy al frente del ejecutivo se han turnado portadas no solo en Madrid, sino en el resto de España y en todo el mundo. Tan aparatoso fue todo que desde el jueves el teléfono no paraba de vibrarme en el bolsillo con una cadencia pasmosa.

Recuerdo que estaba comentando en el coche lo extrañado que me «pillaba» la comparecencia de Zidane. Era demasiado obvio; pero demasiado raro. Una rueda de prensa de ‘Zizou’ a destiempo y en la ciudad deportiva mientras Bale y Cristiano hablaban del blanco más en pasado que en futuro y en el presente Hacienda endurecía su postura con el astro portugués.

Recuerdo comentar brevemente que la pataleta de CR7 era bien por la pasta o para irse lejos del Fisco, incluso ambas. Lo de Zidane, vértigo o hasta una «puñalada» con cierto tufo a venganza. Vértigo por el «marrón» de un vestuario desgastado con pesos pesados entrados en años, promesas que ya son excelentes jugadores y estrellas cabreadas.

LOS MOTIVOS DE ZIDANE

Venganza porque Florentino pudo ver en ‘Zizou’ un parche hasta el mundial, momento para que esa vieja aspiración de Joachim Löw por fin pise el banquillo de Chamartín. Pacto entre ambos al inicio de una andadura que nadie se imaginaba que acaba con la segunda mejor época madridista en cuanto a títulos europeos se refiere. Quizá, y solo quizá, Florentino se quiso desdecir y Zinedine cumplió con su parte como un caballero.

No olvidemos que el francés es hombre de palabra. Curioso que lo único que cambió en el equipo para conseguir tal gesta fue alinear a Casemiro.

Es por eso que cuando escuché los rumores sobre Pochettino esbocé la misma sonrisa que debió dibujar a Daniel Levy al ver con qué rapidez se habían movido ciertos representantes y algunos que no lo son para estar en el candelero y sacar tajada del asunto.

Va a ser verdad que las semanas sin fútbol se hacen muy cuesta arriba.

MOCIÓN DE CENSURA

Antes incidí en que mi comentario fue breve porque el otro «marrón», el de Rajoy, me tuvo al teléfono hasta el domingo casi sin tregua para la televisión y la radio Argentina. Pues el jueves no se cumplieron ni dos horas cuando «otra puñalada» reverberó por Cibeles aprovechando la moción de censura de Pedro Sánchez.

Es esta ocasión fue el estruendo con el que Aitor y sus compañeros del PNV le pasaron por encima a Rajoy con el tractor. Ya sabíamos que Sánchez pactaría con el mismo diablo por subir a la Moncloa, sillón del que no se moverá ni con agua hirviendo, al igual que del de Ferraz. Solo Ciudadanos quiso pecar de ingenuo al creer que habría elecciones anticipadas en un par de meses.

Digo «quiso» porque el PNV sacará rédito por triplicado: Presupuestos Generales del Estado, la deuda de Sánchez y las próximas elecciones; los catalanes tendrán diálogo y más dinero, y Podemos algo de paz sin un chalé de por medio.

Aunque el chalé que ansía Pablo Iglesias no está en Guadarrama, sino en el CNI con el que vuelve a mendigar por ‘lo bajini’ tras escarmentar con lo sucedido dos años atrás. Lo dicho, quitando la postura coherente y loable de los naranjas durante esta legislatura, el resto de agrupaciones sacan rédito y crédito.

Por supuesto, esto se desconoce más allá de la desembocadura del Tajo. ¿Cómo afecta a los Mercados? ¿Qué va cambiar? Me preguntaban a cada intervención desde Argentina.

REPERCUSIONES

Mi respuesta era sosa y redundante: nada de nada. La prima de riesgo y la bolsa lo habían descontado, con Italia y Turquía a lo suyo teníamos el mismo panorama: un euro depresivo y los bancos con tiritona; y sin noticias del programa del nuevo presidente de gobierno.

Un nuevo ejecutivo validado por los independentistas del tres por ciento, los que añoran a ETA y por los que estuvieron a punto de relegar el PSOE a un mero sueño centenario del otro Pablo Iglesias que pudo languidecer con el heredero de José Luis Rodríguez Zapatero al frente.

Esto es otra cuestión: Pedro Sánchez llegó sin proponer, lo que con los actores al revés se tildaría por ciertos sectores de «golpe de Estado». El PSOE está, sí, pero por ahora vale lo del PP: aquello de lo que renegaban, PGE y reforma laboral incluida. Curioso. La única certeza es que los cromos variarán en las instituciones y que tal vez se le ocurra descubrir la tasa Tobin casi cincuenta años después.

¿Y AHORA QUÉ?

Esta vez fui yo el que pregunté. Pues que dentro de veinte años probablemente a Pedro Sánchez se le recuerde heroicamente. Tal vez. Y como a quien hierro mata a hierro muere, es probable que Sánchez vuelva a perder otras elecciones con el caso de corrupción de los ERE de Andalucía en plena ebullición y con su paso por el consejo de la extinta Caja Madrid a modo pretérito incómodo. Y no digamos de la posibilidad de que el PP vuelva a ser la fuerza más votada las próximas elecciones con Rajoy a la cabeza en detrimento del único presidente en Democracia no elegido por los ciudadanos en las urnas.

Suena a disparate, pero Mariano Rajoy, que se ha curtido en todas las grandes negociaciones de la Democracia, dejó el partido sembrado de afines. Aunque dada la situación, le convendría vigilar la espalda. No vaya ser que algún pajarito le traicione y tengamos a Núñez Feijoo postulando a la Moncloa.

De momento, lo que está claro es que el Bigotes es el único que sale de rositas sin lazos amarillos ni parafernalias y que Zidane dimitió antes que Rajoy.

 

Juan Pedro de Frutos
Periodista digital en Madrid

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