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La urticaria de Manuel Azaña

Pedro Sánchez ha vuelto a ha vuelto a hacer campaña tergiversando la historia: esta vez le tocó a Manuel Azaña

Mientras Felipe VI se dejaba ver en el Congreso del Móvil de Barcelona ante los desplantes de los independentistas (Colau y Torra), Pedro Sánchez viajaba al sur de Francia. El motivo: seguir con la campaña electoral visitando las tumbas de Antonio Machado y Manuel Azaña.

Digno de un nuevo capítulo de esa oda al narcisismo que es Manual de Resistencia, Pedro Sánchez busca la continuidad del discurso guerracivilista, de republicanos contra Franco, y con escaso rigor histórico.

Manuel Azaña, sus palabras y su legado

Vaya por delante que Azaña ha sido un patriota de los pies a la cabeza. Más allá de ser republicano o no, lo cierto es que siempre se le ha tenido en buen estima por todos.

Y es que la coherencia es una virtud poco practicada en política, mientras que la hipocresía es la norma general.

Azaña, que en vida dijo que prefería a Franco antes que a los independentistas catalanes, por que con él ya se entenderían ellos o sus hijos, siempre miró por lo mejor para el Estado.

Esto, por supuesto, no le convierte en fascista; pero tampoco en arma de la izquierda rancia y revanchista que representa el ego de Pedro Sánchez y sus problemas de intendencia para con los colchones.

Para más inri, con el histórico muerto y la Democracia recién instalada, el rey emérito se preocupó por saber dónde vivía su viuda. La fue a buscar al país que cedió la bandera para cubrir su féretro: México. Cómo tuvo que ser aquella época para que en Francia siquiera dispusieran una bandera republicana.

La anécdota que desmonta toda la patochada sanchista fue una poderosa respuesta de la viuda de Azaña ante la llamada de Don Juan Carlos I. No quiero que venga el rey; iré yo allí donde él esté porque es lo que mi marido hubiera hecho.

Aunque siempre dijo que no podría aguantar regresar a España sin su marido, lo cierto es que resume mucho mejor que Pedro Sánchez quién fue Azaña. Y es por eso que el gesto del actual presidente de Gobierno es todo un acto grotesco y desmemoriado. También sectario, pero eso es algo consabido.

Antonio Machado

No se puede decir que para Machado sea tres cuartos de lo mismo. Aunque uno de nuestros mejores autores de siempre también amaba su tierra con locura, distaba mucho de la relevancia política de Azaña. No de implicación.

Si bien, perdimos mucho con su fallecimiento en el 39; pero dejó ciertas frases de calado de las que Pedro Sánchez no tomó buena nota, o no las conoce:

En primer lugar, «hay dos clases de hombres: los que viven hablando de las virtudes y los que se limitan a tenerlas» y «La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés».

La primera, podemos acercarla al libro que le transcribieron, como él reconoce. La segunda, a toda esa mentira de ciertos grupos en la izquierda que tienen por vocación cambiar la historia a su favor.

Y es que las palabras de Francisco Largo Caballero, que dijo que si no ganaban las elecciones irían a una guerra civil, no se pueden cambiar. Por mucho que a Sánchez le duela.

Independentismo

Recogiendo el guante de lo ya dicho hasta ahora, el independentismo sigue careciendo de las mismas virtudes que ya mencionó Azaña. Es imposible dialogar con ellos. Evidenciado esto y el enésimo desplante al Estado y a la Corona, tal vez haya que mirar de nuevo a la Memoria Histórica que tanto gusta a ese sector que lo promueve; pero mirarla de verdad: para aprender lo que no funcionó y para abandonar de una vez por todas lo que no nos deja avanzar como Nación.

Juan Pedro de Frutos
Periodista digital en Madrid

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