Opinión

Manifestación de Colón y su importancia para las urnas

Más allá de la pugna por los datos de los asistentes, Pedro Sánchez comienza a notar el aliento de la calle con la manifestación de Colón

Que la derecha se manifieste es un síntoma. Estamos acostumbrados a ver una izquierda más reaccionaria ante la actualidad. En parte, por el carácter del que siempre ha hecho gala, al igual que suele asociarse con la juventud, época más liberada de responsabilidades y que se vive con más pasión. Es por ello, que nuestro centro y nuestra derecha suele movilizarse menos. Razón por la que la manifestación de Colón tiene un significado profundo.

Sin funcionarios invitados a saltarse su jornada laboral con bocadillo de recompensa: a modo de extra de Berlanga, el sentimiento es unánime. Comenzó en Andalucía y se expande por toda España.

Sánchez trató de mover ficha al fingir romper relaciones con los independentistas. Puede que en parte lo consiguiera para sus acólitos (medios afines); pero las urnas no engañan ni al CIS. La gente de a pie que no tiene intereses partidistas no comulga con ruedas de molino. No se sienten representadas por el actual presidente de Gobierno. Y esto es un síntoma que se hará palpable cuando lleguen los comicios.

Esta(mos) hartos de ese desdén con el que se nos trata si no pensamos como Iglesias, Montero o Sánchez. Desde históricos como Alfonso Guerra, Felipe González y Corcuera hasta barones socialistas se escandalizan por las inmoralidades de un presidente vendido a su ego. Un aferrado al sillón que se sabe destinado a yacer lejos de lo que hoy okupa.

Hartazgo: motor de la manifestación de Colón

Y es que en España hemos sufrido a Franco, a ETA, un 11M plagado de mentiras y a un PSOE doblemente traidor -que disparó las chispas de la Guerra Civil y ahora pacta PGE y desmembrar España- que ha pactado con aquello que tanto nos costó superar como sociedad. Eso es lo que se ha criticado en la manifestación de Colón.

Un presidente impuesto por ETA, separatistas, chavistas conchabados con iraníes de soflamas comunistas y el ego de un mediocre de diagnosticada bicefalia a conveniencia. Que compra el discurso de sus impulsores y de la izquierda más trasnochada para señalar con el dedo a los “disidentes”. No somos ni ultraderecha, ni fascistas, ni nazis, ni asesinos de mujeres, ni homófobos  o traidores. Solo queremos que todos sean tratados por igual. Desde la olvidada Extremadura, las lejanas Canarias, la castigada Galicia o la maltratada Madrid. Que no se humille a los cristianos (algo que siendo ateo me resulta clamoroso), y que se disfruten sus fiestas al tiempo que se adora al Islam -religión que ningunea a las mujeres-.

Estamos hartos de que se nos quiera tomar por tontos, de que si decimos lo que pensamos tengamos una horda de descerebrados recitando el ideario más paleto y trasnochado de una izquierda revirada en el absurdo. Ya no aguantamos ese insulto fácil y gratuito de la superioridad moral autoimpuesta que dice (y cree) tener parte de la izquierda por “naturaleza”. Gente que no representa a la izquierda de verdad.

La historia ‘desconocida’ de la corrupción

¿Acaso no es corrupción que Sánchez coloque a amigos en puestos de Estado? ¿No es corrupción que se quite dinero a regiones para sufragar el separatismo que ha generado una de las tramas más cuantiosas con el 3% y sus mordidas? ¿El ERE, los cursos de formación, Filesa, los Gal, Matsa, Fundación Ideas, Bankia… así hasta 240 causas abiertas y más de 1.000 cargos investigados por corrupción -según medios afines serían 77 causas- no son corrupción? Y es que solo la trama de los ERE cuenta un montante superior a toda la Gürtel y Púnica junta.

Mucho interés mediático (y hasta judicial) ha habido en condenar al PP y en la resolución. Al PSOE no se le pudo acusar de lo mismo porque la Ley no lo permitió en aquel momento. Más sangrante es que la trama catalana obró aún peor, hasta con mordidas, y aquí no ha pasado nada. De hecho, se les permite negociar presupuestos hasta en la cárcel o en un exilio autoimpuesto por cobardía.

La hipocresía de la “izquierda” actual

Aún estamos esperando que Pedro Sánchez convoque elecciones, como prometió. Como ha pedido la gente que se ha manifestado en Colón el 11 de febrero. A los mismos que tacha de franquistas, fascistas y rémoras del blanco y negro.

¡Basta de tanta falacia! Basta de querer recordar selectivamente la Guerra Civil que ellos comenzaron y perdieron porque se mataban entre ellos (como ocurrió con Lorca). De momento, y mal que nos pese a todos, los únicos que disolvieron las Cortes para crear la Democracia fueron los franquistas. Esos nombres propios encabezados por Adolfo Suárez son los que nos han permitido llegar hasta aquí.

Ya me gustaría ver a Iglesias, Montero, Sánchez, Calvo, Rufián y demás retahíla disolver las cortes. Solo se llenan la boca para copar titulares y aparecer en la televisión. Esos que se dicen patriotas; pero realmente su única lealtad es hacia el dinero y su ego.

Es por todo esto por lo que la manifestación en Colón ha sido tan importante. Al igual que el discurso de Felipe VI tras el envite catalán. Es por eso que no hubo violencia y se apartaron símbolos franquistas. Y es que lo único que se pidió ayer fue sensatez. Una llamada a la sensatez que se trata de ningunear y que solo crecerá cuanto más cerca estén las urnas.

Juan Pedro de Frutos
Periodista digital en Madrid

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