Cine

Los odiosos ocho [Crítica]

El creador de ‘Pulp Fiction’, hizo suya aquella mítica respuesta de Orson Wells: “John Ford, John Ford y John Ford”.

«LOS ODIOSOS OCHO». Tarantino homenajea a John Ford

En los odiosos ocho, un cazarrecompensas traslada a una prisionera en una diligencia para llevarla a la horca y cobrar una suculenta recompensa. La tormenta que les persigue así como dos inesperadas compañías trastocarán su viaje, que se verá retrasado. Por ello deberá hospedarse en la afamada Mercería de Minnie. Con lo que no contaba era con que la banda de delincuentes de la convicta tratará de rescatarla. 

IMPRESIÓN


Pese a que no me considero con la autoridad suficiente para rebatir aquella afirmación de Ennio Morricone sobre Quentin Tarantino “No sabe hacer cine”, lo que sí puedo decir con certeza es que su pasión por el Género ha vuelto a unir a  dos genios del cine.

Como si de un matrimonio obligado a entenderse se tratara, nadie como ellos entiende el Western; y además son capaces de actualizarlo con lo mejor de antaño y la sátira suficiente como para adaptarlo a los nuevos tiempos. Los odiosos ocho es como una carrera vertiginosa desde La Diligencia a El hombre que mató a Liberty Valance, en el que se permite, incluso, una remembranza a los textos de la mejor Agatha Christie, en lo que nada es lo que parece.

Es una lástima que todas las bondades de la cinta se vean ligeramente empañadas por la seña de identidad del propio Tarantino. Sangre, sangre y más sangre. A ésta se le suman como algunas concienzudas y estudiadas meteduras de pata en el montaje, habituales en el estilo del director: razón de que el Oscar se le vaya a resistir algo más todavía.

ARGUMENTO

El film, dividido en capítulos, comienza en medio de ninguna parte, con una diligencia huyendo de una tormenta frente a un mayor negro, retirado, amigo de Lincoln (Samuel L. Jackson). Éste se tropieza con un conocido cazarrecompensas (Kurt Rusell) que lleva una suculenta presa (Jennifer Jason Leigh) cuyo destino es la horca. Sobrenombre de tan peculiar justiciero. Por azares del destino, camino de la Mercería de Minnie, se encuentran con el nuevo sheriff (Walton Goggins) de la localidad que verá morir a la convicta.

Lo que no podían imaginar es que lo que parecía un plácido viaje al que retrasaría una ventisca se convertiría en una verdadera ruleta rusa por la supervivencia dentro del afamado establecimiento. La culpa, los cuatro desconocidos con los coinciden en aquel lugar. Es en este momento cuando la cinta sufre su único bajón, que se prolonga hasta que todos se reúnen para cenar. Entonces da comienzo a una claustrofóbica segunda parte en pos de la búsqueda del asesino.

Tarantino, cómplice y rehén de su propio escenario teatralizado, dirige con acierto a sus actores y lleva con mucha desenvoltura la tensión y el misterio que encumbró a Agatha Christie. Aunque lo mejor de la película son, sin duda, los diálogos. Destacan sobre todo en aquellos en los que participa Walton Goggins, el sheriff. Tan geniales como desternillantes.

ASPECTO TÉCNICO

El aspecto técnico, sin grandes alardes pero cumplidor, bien parece que agotó las reservas de sangre de una temporada entera de House. De no ser por los excesos de Tarantino con ella, Los odiosos ocho hubiera sido aún mejor.

Aunque este contratiempo gore se empequeñece en el momento en que entra en acción la música. Como siempre cuenta con un toque personal del cineasta, y además… ¡el mismo Ennio Morricone ha contribuido al film! Y es que al salir del cine recordaremos tanto en el tema inicial como la melodía de los últimos compases.

Únicamente se echan en falta los silbidos de Kurt Savoy y las miradas penetrantes de Clint Eastwood para sentirnos como en casa, en la gran última etapa del Western.estrellas-4_5

Juan Pedro de Frutos
Periodista digital en Madrid

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