Cine

Deadpool: Masacre a lo Marvel [Crítica]

Humor retorcido, acción a raudales y un protagonista muy carismático es todo lo que Deadpool necesita para triunfar en taquilla.

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«DEADPOOL»

Hablador, mordaz, pervertido, irreverente, chistoso, grosero y alborotador. En definitiva, un auténtico zumbado con pinta de uva pasa bajo un uniforme carmesí. Así es Deadpool, el antihéroe más querido de Marvel, y soplo de aire fresco en el universo creado por el mayor amante de los cameos, Stan Lee.

La historia de Deadpool dista mucho de la elegante y ética que suelen tener el resto de héroes. Wade Wilson, mercenario con cáncer, abandona a su esposa para se someterse a una terapia secreta en busca de una cura. El experimento no sale como le dijeron y se convierte en un monstruo a cambio de superpoderes mutantes que le convierten en indestructible al poder regenerarse por completo. A partir de ahí, su día a día se convirtió en seguir a su prometida como un acosador y buscar al que le dejó como el hermano pequeño de Freddie Krueguer para vengarse.

Argumento

Deadpool (Ryan Reynolds), el antihéroe por excelencia de Marvel, narra la conversión del mercenario Wade Wilson en metahumano tras ser sometido a un cruel experimento que le cura el cáncer, y su venganza por las secuelas físicas del mismo. A cambio de quedar desfigurado tendrá la habilidad de regenerarse, una fuerza superior al promedio humano y la habilidad de romper la cuarta pared. Si bien varían ciertos detalles respecto al origen del superhéroes, pero afina con tanto acierto todos los detalles —incluyendo las decenas de referencias noventeras— que ningún seguidor del personaje le prestará demasiada atención. ¡Basta con ver que hasta la publicidad de la película ya era toda una declaración de intenciones!

Hecho que se extiende hasta el comienzo de la cinta. De los sosos y clásicos títulos de créditos iniciales de cualquier película pasamos a la ironía de las labores de todos los participantes de la producción. Y es que no es para menos, Marvel sabe reírse de sus personajes, del propio Ryan Reynolds y de sí misma en la enésima película de superhéroes estrenada en pleno barbecho intelectual de Hollywood.

Ryan Reynolds se siente a gusto como Wade Wilson

La diferencia es que el guion parece estar hecho por una pandilla de veinteañeros a base apuntar todas las chorradas y chistes verdes que se dicen durante las noches de fiesta o todo aquello que les llevó a que su novia les mandara a dormir al sofá durante un par de semanas.  Y lo hace con estilo, con un humor para adultos bien integrado en un guion inteligente, que toma lo mejor del personaje de Deadpool para trasladarlo a la gran pantalla con gran acierto, llevándose por delante bastante de lo ocurrido en X-Men Orígenes: Lobezno —y gracias que lo consigue—. De esta manera, el personaje más gore y charlatán recupera el orgullo y su carisma para alivio de los fans.

La parte técnica ayuda mucho a recuperar la esencia del personaje, que se pretende alejar de la ya citada película de los pupilos del Profesor Xavier para quedarse a medio camino de las propuestas de DC en la gran pantalla y dotar de un estili propio a las aventuras del héroe más irreverente de Marvel.

Marvel ha dado con la tecla

Por su parte, Ryan Reynolds (Linterna Verde) nos deleita con una de sus mejores actuaciones. Atrás deja el traje CGI de Linterna Verde y la versión de Deadpool de X-Men Orígenes: Lobezno que tanto se había separado del personaje del cómic para trasladar una sensación de frescura, con ese aire divertido y gamberro que transmite en cada plano. Sobresale muy por encima del resto del elenco, que son en realidad personajes de relleno comparados con el súper héroe. Hecho que incluye a Ed Skrein (Transporter Legacy), el enemigo de esta primera entrega y que poco ofrece más allá de su mezquindad y de sacar su nombre tras hurgar en los armarios hallados bajo el fregadero de la cocina. ¡Lástima que no le vimos preparar ninguna chimichanga!

Juan Pedro de Frutos
Periodista digital en Madrid

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